miércoles, 21 de octubre de 2009

Ágora

Después de visitar el suspense en “Tésis” (1996), el thriller fantástico en “Abre los ojos” (1997), el terror sobrenatural en “Los otros” (2001) y el drama poético en “Mar adentro” (2004), Alejandro Amenábar afronta un “más difícil todavía” en su carrera con su quinto trabajo, “Ágora”, un péplum en toda regla con más aspiraciones reflexivas que a ofrecer un espectáculo deslumbrante. La producción más cara del cine español – 50 millones de euros – pretende plantarle cara, en desigualdad de condiciones, a productor hollywoodienses del tipo de “Troya”, “Gladiator” o “Alejandro Magno”.
La contemplación una noche de verano del estrellado cielo ibicenco llevó a Amenábar (no se sabe cómo ni porqué) hasta una remota civilización que a pesar de los 2.000 años que dista de la nuestra guarda no pocas semejanzas. En la Alejandria del siglo IV d.C. vivió Hipatia, la primera mujer astrónoma, filósofa, matemática y teóloga; un personaje fascinante del que no se conserva demasiada información y del que inexplicablemente nunca se había hecho una película. Alejandro con la ayuda de su guionista habitual – el también realizador Mateo Gil – decidieron que esta mezcla de heroína y mártir adelantada a su época sería el epicentro de su nuevo film, la documentación y la escritura del guión sería la labor más ardua de todo el proceso. El resultado final, a grandes rasgos, ha sido el crear un triangulo amoroso no correspondido cuyos tres vertices son, Hipatia, su alumno Orestes y su fiel esclavo Davos.

Nuevamente con Fernando Bovaira como productor – quien ha financiado todos los proyectos de Amenábar con la excepción de “Tésis” – y un equipo de primer orden del que cabe destacar al diseñador de decorados Larry Dias (“Indiana Jones y el Reino de la calavera de cristal”), a la responsable del vestuario Gabriella Pescucci (“El nombre de la rosa”, “La edad de la inocencia”), al director de fotografía Xavi Giménez (“Los sin nombre”, “El maquinista”) – que sustituye al habitual Aguirresarobe - y el músico Dario Marianelli (“V de Vendetta”, “Expiación) quien a su vez se ha encargado de musicar el film reemplazando al propio Amenábar, quien se encargó de hacerlo en sus films precedentes con bastante oficio.
El rodaje se llevó a cabo en Malta bajo un plan de 15 estrictas semanas con un reparto internacional muy bien seleccionado, los ingleses Rachel Weisz, Max Minghella y Rupert Evans, el guatemalteco Oscar Isaac, el francés Michael Lonsdale, el israelí Ashraf Barhom y el iraní Homayon Ershadi. Amenábar se ha caracterizado por ser un buen director de actores y “Ágora” no es una excepción en ese aspecto.

“Ágora” comienza y finaliza con la visión de la tierra desde el espacio, mostrándonos lo pequeña y solitaria que parece en medio del universo, después un rápido zoom (muy similar al Google Earth) nos sitúa en plena Alejandria, antigua capital de Egipto, cuando la decadencia del Imperio Romano era palpable y una religión perseguida como fue el Cristianismo pasaba a ser perseguidora de nuevos adeptos. Se trataba de la única opción a seguir.
Alejandria (la cual se muestra de manera convincente con la ayuda de maquetas y un poco de retoque digital) poseía entonces una de las siete maravillas del mundo, el Faro, además de una Biblioteca en la que se guardaba celosamente todo el saber de la época. La pérdida de toda esta información tras ser quemada por los Cristianos sumió al mundo en una crisis que ha repercutido hasta nuestros días.

Como antes dije, Amenábar tiene mucha más pretensiones que la de simplemente entretener, trata de mostrarnos las similitudes que una sociedad tan remota puede guardar con la nuestra: la inferioridad a que ha sido rebajada la mujer durante miles de años y su maltrato físico, la difícil convivencia entre las distintas etnias religiosas – cristianos, judios y paganos -, los incendiarios ejemplos de censura y los agresivos modos de imponer una idea o un producto del tipo que sea.
La ambición de Amenábar parece no tener límites y con éste ambicioso proyecto ha querido hermanarse con los grandes directores (Kubrick, Lean, Spielberg) que orquestaron enormes películas. Del empeño sale airoso, tratando de imprimirle al film su propio sello, permitiéndose de paso algunos planos de claro lucimiento que han sido muy discutidos (me refiero como bien sabéis a ese famoso plano de la quema de la Biblioteca de Alejandria). Un verdadero cineasta no necesita de planos tan efectistas y gratuitos como éste.

La labor de todo sus actores (mención aparte para una insustituible Rachel Weisz y un sorprendente Max Minghella) hace más llevadero un film correcto que naufraga en su intención de contagiarnos su pasión por un personaje hasta ahora tan desconocido como el de Hipatia, porque sí de algo adolece “Ágora” es de una falta de emoción significativa, resulta un film gélido y ese final hecho con la clara intención de sacarle al espectador unas lagrimitas termina por no funcionar. Es como sí dentro de esa brillante fachada se les hubiera olvidado meter el alma. El film más discutible de su, hasta ahora, intocable realizador.