martes, 27 de abril de 2010

Alicia en el País de las maravillas

Después de aportar su particular visión a “Charlie y la fábrica de chocolate” (2005) y al famoso musical de Broadway “Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet” (2007), Tim Burton recrea ahora el universo de Lewis Carroll – seudónimo del matemático, fotógrafo y escritor Charles Lutwidge Dodgson – en “Alicia en el País de las maravillas”, distanciándose sobremanera no ya de la novela original sino también del film de animación que la Disney realizó en 1951.

“Alicia en el País de las maravillas” supone la séptima colaboración con Johnny Depp – después de “Eduardo Manostijeras” (1990), “Ed Wood” (1994), “Sleepy Hollow” (1999), “Charlie y la fábrica de chocolate” (2005), “La novia cadaver” (2005) – en esta ocasión aportó tan sólo la voz – y “Sweeney Todd” (2007) - , el cual en esta ocasión tiene a su cargo un papel decididamente secundario – el sombrero loco no aparece hasta pasados los treinta primeros minutos del metraje – pero igual de exagerado que el resto de la galería de personajes que ha hecho a petición de Burton. Depp disfruta llevando su interpretación al límite del exceso y de la sobreactuación, justificándolo como una necesidad para dar vida a un personaje que no deja de estar sacado de un cuento infantil. Esa colección de amanerados tics los viene arrastrando dede la trilogía de “Piratas del Caribe” y empiezan a provocar saturación. A menudo echamos en falta al Depp contenido de “Enemigos públicos” (2009), capaz de bordar un personaje sin apenas esforzarse.

Dicen los entendidos que los caminos de Burton y Carroll estaban condenados a encontrarse desde que un Burton ablandado por la paternidad se dedica a adaptar cuentos moralizantes con ese añadido tétrico-gótico que imprime a todo lo que toca. Su “Alicia en el País de las maravillas” es, como ya he dicho, una versión muy libre que toma algunos de los personajes de las dos novelas de Carroll – la homónima de 1865 y “Alicia detrás del espejo” publicada en 1872 – para creer un lujoso espectáculo de imaginería en el que Burton ha podido dar rienda suelta a todos sus delirios y excesos visuales o mejor dicho virtuales.
La joven actriz australiana Mia Wasikowska encarna algo rigidamente a esta Alicia del siglo XXI, que representa la liberación de la mujer moderna – algo impensable en el siglo XIX en el que se escribió la obra original – para poder tomar sus propias decisiones, para elegir su camino y para no acceder a una boda de interés debidamente apañada por su propia familia – en su hermana tiene el vivo ejemplo de lo que supone casarse sin amor con el hombre equivocado – . Todo estos ideales se forjarán a su paso por ese colorido y recargado mundo de fantasía diseñado por Burton.

Alrededor de Alicia y del ya mencionado Sombrerero loco se mueven un buen puñado de personajes; las dos Reinas, la Roja (una cabezona Helena Bonhan Carter directamente inspirada en la caracterización de Bette Davis en “La vida privada de Elizabeth y Essex”), perversa, llena de odio y siempre dispuesta a cortar alguna cabeza; su hermana, la Blanca (una Anne Hathaway que rechazó ser Alicia por miedo al encasillamiento) tan bondadosa como aburrida; los rollizos gemelos Tweedledee y Tweedledum (encarnados por el politicamente incorrecto Matt Lucas); el filosófico Gato de Cheshire (con la voz de Stephen Fry), la episódica Oruga azul, aunque finalmente decisiva (con la voz de Alan Rickman), la Jota de Corazones (a cargo de un actor tan freak como Crispin Glover), el desangelado Capitán del ejército de la Reina Roja, y por último Galimatazo (con la voz del legendario Christopher Lee), el aterrador Dragón al que según el oráculo deberá vencer Alicia.


Y aunque “Alicia en el País de las maravillas” no se trate de un film estrictamente infantil los que busquen un significado mucho más profundo es cierto que se sentirán un poco defraudados porque entre tanto exceso visual y tanta riqueza de medios el mensaje, que ha intentado adaptarse a los tiempos, no deja de ser demasiado simplista para un cineasta que como Tim Burton ha sabido deslumbrarnos visualmente a la vez que nos ha hecho reflexionar o incluso llegar a emocionarnos con films mucho más inspirados como “Ed Wood” o “Big fish”. No podrá calificarse de fracaso en su carrera – y más viendo sus cifras – pero sí que será, junto a “El planeta de los simios”, uno de sus films más impersonales y huecos.