sábado, 13 de marzo de 2010

Los hombres que miraban fijamente a las cabras

Después de un salvaje y descacharrante gag este film nos pone en preaviso de que probablemente los que nos resulte más ridículo sea, precisamente, lo más verídico. Las operaciones secretas que las Fuerzas Armadas Americanas realizan desde los años 60 dieron pie a un paródico ensayo de investigación que el periodista Jon Ronson bautizó con un estrambótico título, “Los hombres que miraban fijamente a las cabras”, y que llamó poderosamente la atención de de George Clooney y de Grant Heslov, su socio en la productora Smoke House. Algo a primera vista inadaptable se convirtió en una nueva incursión por parte de Clooney en la comedia excéntrica – sus trabajos con los Coen le sirvieron de rodaje – y en el debút de Heslov en la dirección, dejando atrás una carrera muy discreta como actor.

Por difícil que resulte de creer los “Guerreros psiquicos del Ejército de la Nueva Tierra” tuvieron un precedente en la vida real, que al igual que ellos, potencieron la lucha mental frente al enemigo – el entrenamiento se realizaba con cabras, de ahí la importancia que se le da a este animal en el film -, buscando la incorporeidad, la invibilidad y, en definitiva, la paz. No olvidemos que estaban en plena época hippy y que el LSD era toda una institución.
Para dar vida a estos militares chamánicos el film requería de actores capaces de arriesgarse y de tomarse también muy poco en serio, Jeff Bridges y Kevin Spacey – que ya habían coincidido previamente en “K-Pax” – resultaron ser las elecciones perfectas para encarnar, respectivamente, al líder espiritual y a la oveja negra de este rebaño de hombres vestidos de verde. Ewan McGregor, por su parte, se encargó de dar vida al alter ego de Ronson, el periodista que viaja a Iraq aprovechando un desengaño amoroso para investigar sobre tan curioso ejército, sirviendo así de hilo conductor de la historia – en tiempo pasado y presente -. El ubicuo Stephen Lang – muy de actualidad por ser el villano en “Avatar” – tiene un papel menos destacado y Robert Patrick – el inolvidable T-1000 de “Terminator 2” – tan solo cuenta con una única escena.

Aunque no es sencillo explicar de qué va “Los hombres que miraban fijamente a las cabras” trataré de hacerlo en este parrafo. El periodista Bob Wilton (Ewan McGregor) se decide a viajar a Iraq después de que su mujer le haya pedido la separación – para iniciar una nueva vida con un manco – para demostrar y autodemostrarse de lo que es capaz. Allí conoce a Lyn Cassady (George Clooney) un misterioso hombre que le confiesa pertenecer a una Fuerza Especial de Guerreros Jedi en busca de una misión secreta – casi mística -. En su afán por investigar más sobre el tema, Bob le acompañará conociendo así la historia del Ejercito de la Nueva Tierra, de su creador Bill Django (Jeff Bridges) y del Judas que le traicionó (Kevin Spacey).

El relato de Ronson viene que ni pintado para parodiar al Ejército Americano, para criticar su intervención en la guerra de Iraq y para sugerir – aunque sea suavemente – que el resultado de todos esos experimentos terminó degenerando en las prácticas tan aberrantes que tuvieron lugar en las cárceles de Guantanamo o Abu Ghraib. El guión de Peter Straughan, responsable de “Nueva York para principiantes” estrenada el pasado año, vuelve a incurrir en los mismos defectos, contando con un buen material de partida no sabe sacarle todo el jugo ni hacer la pupa que debiera, desaprovechando un excelente revulsivo crítico y a un envidiable reparto, por tomar el previsible y aburrido camino de la moderación.
“Los hombres que miraban fijamente a las cabras” es más del estilo de los Hermanos Coen que su último film, el sombrio y fallido “Un tipo serio”, habría sido interesante comprobar el partido que habrían sacado ellos a este material ajeno, que además cuenta con dos de sus actores preferidos, Clooney y Bridges. Similitudes no faltan con alguno de los títulos de la vertiente más desenfadada de los Coen.

Este morboso interés viene a cuento después de comprobar que el debút de Heslov tras un prometedor y divertidísmo arranque – los orígenes del Batallón es de lo mejor del film – decae irremediablemente hasta dejar una sensación generalizada de decepción. Decepción por desperdiciar una original historia, decepción por malgastar un gran reparto – especialmente a Spacey -.
Valoraciones críticas aparte, este film merece única y exclusivamente su visionado por ver como el plantel de excelentes y desprejuiciados actores hacen, literalmente, el cabra. Aunque, por desgracia, toda esa química y diversión que se intuye hubo entre los actores, no traspasa la pantalla ni llega a la platea, especialmente en su desenlace. En resumidas cuentas, un film que ni ofende ni aporta nada nuevo.