viernes, 4 de septiembre de 2009

Mapa de los sonidos de Tokio

La pasión de la directora catalana Isabel Coixet por la cultura nipona viene de lejos, muestra de ello es el nombre con el que bautizó a su productora en 2000, Miss Wasabi Films (el Wasabi es un condimento japonés muy popular y muy picante). Era cuestión de tiempo que se embarcara a enmarcar una de sus historias exarcerbadas de amor en una cultura abierta a tantas posibilidades estilísticas y, como en este caso, sonoras.
Coixet cuenta ya con un nombre en el mercado internacional, debutó en 1988 con “Demasiado viejo para morir joven” – que ha tenido a bien repescar la recién instaurada “Filmoteca Dirigido por…” - , un film olvidable que ni granjeó buenas críticas ni recuperó costes pero que al menos le supuso una nominación a los Goya como directora nobel. En 1995 regresó de manera inesperada con una coproducción hispano-americana, “Cosas que nunca te dije”, que se enmarcaba en los parámetros del cine independiente americano y en el que se pueden encontrar las semillas de lo que ha venido siendo la carrera de Isabel Coixet: crónicas de personas que sienten una tristeza existencial y que sobrellevan como puenden una vida carente de emoción y de satisfacciones. La ausencia de amor, la falta de un futuro o la imborrable presencia de un pasado trágico son los penares de la galería de personajes que han desfilado por su obra.

“A los que aman” (1998) aunque ambientada en otra época, la Galicia del siglo XVIII, si obviamos la estética preciosista, su aíre poético – no olvidemos que la base del film hay que buscarla en una novela de Stendhal -, nos queda otra triste historia de flechas cruzadas, de amores no correspondidos, narrada con la misma monotonía que provocan sus neblinosas imágenes. Aunque a triste ninguna gana a “Mi vida sin mí” (2005), en el mejor sentido de la palabra, se trata de un acercamiento muy mejorado a su debut americano en el que se narran los esfuerzos de una mujer con una enfermedad incurable por dejar su vida atada y bien atada. Sensible sin ser obvia y demoledora con premeditación pero sin alebosia, esta producción Almodóvar cuenta con una legión de fans y muchos (entre ellos yo) siguen creyendo que es la obra más redonda de la directora catalana.
Con mucha más ambición se concibe “La vida secreta de las palabras” (2005), una historia sobre silencios y del peso que puede tener el pasado, en el film ambientado en una plataforma petrolífera un trabajador accidentado que ha perdido temporalmente su visión y su cuidadora serán complices del dolor del otro. El film termina quedando tan aislado como el escenario en el que se enmarca por el cúmulo de caprichos que se permite la directora que se antojan innecesarios. Un paso en falso que sin embargo se saldó con la recompensa de 4 Goyas, incluyendo el de mejor película del año. A continuación Coixet se limitó a ser una mera artesana para adaptar al cine la novela “El animal moribundo”, de Philip Roth; “Elegy” (2008) no convenció a todos pero al menos sirvió para afianzarse internacionalmente.

“Mapa de los sonidos de Tokio” (2009) nos llega mucho antes de lo esperado – terminó de rodarse a primeros de año – y nos propone otra historia en la que hay espacio para la tragedia, la pasión, la venganza, el sexo, la traición y el sacrificio. Protagonizada por una pareja muy dispar – en edad, en cultura y en sensualidad -, la que forman el catalán Sergi López y la japonesa Rinko Kikuchi, revelada hace tres temporadas en “Babel”, y rodada por completo en Tokio, con la salvedad de una escena en las Ramblas barcelonesas. El sonido que hace mención el título tiene mucho que ver con el silencio porque Coixet sigue con el convencimiento de que "lo más importante es lo que nunca se dice".
López – con un ridículo doblaje, los actores que optan por doblarse a ellos mismos desentonan siempre con la naturalidad que otorga un profesional del doblaje – es el propietario de una tienda tokiota especializada en vinos – llamada “Vinidiana” en homenaje al clásico de Buñuel – cuya novia se ha suicidado por desamor. El padre de la joven es un hombre de negocios que no puede soportar que en un mundo en el que ya no está su hija aún camine el hombre que voluntaria o involuntariamente le costó su vida. Decide por lo tanto contratar los servicios de una solitaria mujer (Kikuchi) que por el día trabaja en la lonja del puerto y por la noche acepta trabajos ocasionales, como matar a personas sin querer conocer siquiera los motivos. El problema surge cuando la noche en que va a rendir cuentas termina acostándose con su presunta víctima.

Todo el relato es introducido a intervalos por un extraño narrador, un viejo ingeniero de sonidos con el que el personaje de Rinko Kikuchi comparte silencios – el único sonido que les une es el ruido que Rinko hace al absorver la pasta – y ninguna confesión sale nunca de los labios de la joven solitaria, por lo que no tiene justificación que sea el encargado de ir desgranando la historia de amor. La joven deambula por el suburbano, por zonas nada reconocibles de Tokio, la directora evita así intencionadamente de hacer del film una tour turístico por la ciudad y eso se agradece porque de este modo es más sencillo sumergirse en la historia, o al menos tratar de hacerlo.

Y he dicho tratar de hacerlo, porque “Mapa de los sonidos de Tokio” no resulta en ningún momento un film accesible, la falta de química de la pareja protagonista a pesar de unas escenas de sexo excelentemente corografiadas que rompen con muchos tabús dificulta empatizar con los personajes y creerse unas situaciones que tienen como único fin el magnificar el dramatismo latente durante toda la trama. La habitación de Hotel Bastille que simula un vagón del metro parísino también nos recuerda que Isabel Coixet ya visitó esta famosa Plaza en su maravilloso segmento para “Paris je t’aime” (2006).
Técnicamente el film es impecable, la música está bien seleccionada (Misora Hibari, Max Richter, Kraak & Smaak o Antony & The Johnsons) y perfectamente utilizada, el ritmo y el montaje ha superado los errores de “La vida secreta de las palabras” pero aún con todo el film no pasa de una modesta corrección, en parte debido a un guión no lo suficientemente trabajado que resultará tan inverosímil en Oriente como en Occidente. En resumen, “Mapa de los sonidos de Tokio” supone una pequeña decepción.

1 comentario:

Xavier Vidal dijo...

Sin llegarla a definir como decepción, sí creo que es un poco menos respecto Mivida sin mí y LVSDLP. La semana que viene tendrás mi crítica. ¿Estás segura que la chica se suicida por desamor? Creo que ese detalle queda abierto a múltiples lecturas. Tu crónica también demuestra que, al contar el argumento del relato, la magia del mismo para futuros espectadores merma. Intentaré tratar eso en mi crítica.

Recuerda el cineranking! Espero tus notas.

Buen finde!