jueves, 21 de mayo de 2009

Génova

Las críticas por muy objetivas que traten de ser no dejan de ser una opinión subjetiva, se trata de valoraciones vertidas por una sóla persona defendiendo un criterio propio y a veces incluso callados intereses. No son palabra santa, se puede por tanto estar de acuerdo o no con ellas. Para mí tan sólo son una referencia de la que partir.
Toda esta introducción tiene un motivo, no puedo mostrarme más disconforme con las tíbias críticas que he leído del último trabajo del ecléctico Michael Winterbottom, “Génova”, que en el pasado Festival de San Sebastián recibió en medio de una encendida polémica el premio al mejor director. Se trata de un film a tener muy en cuenta, que no conviene perderse.
No es sencillo trazar paralelismos en la prolífica trayectoria de Winterbottom, ya que de un modo premeditado huye de las etiquetas, cada uno de sus trabajos supone una aproximación a un terreno nuevo que descubrir e investigar. No existe género por el que no sienta interés, ya ha coqueteado con el drama (“Un corazón invencible”), la comedia (“Tristam Shandy”), el cine de época (“Jude”), el bélico (“Welcome to Sarajevo”), la ciencia ficción (“Código 46”), el cine de denuncia (“In this world”), el pseudo-documental (“Camino a Guantanamo”), el musical (“24 hour party people”) y hasta con el porno suave (“9 songs”).

“Génova” es un desgarrador drama familiar en el que la superación del dolor, el sentimiento de culpa, el despertar sexual y el sacrificio hacen intermitentes apariciones en el devenir diario de un padre y sus dos hijas adolescentes tratando de empezar desde cero en la ciudad italiana de Génova. Los tres huyen de los recuerdos que quedaron en Chicago cuando un desafortunado e imprevisto accidente segó la vida de Marianne (Hope Davis), dejando huérfanas a Kelly (Willa Holland) y Mary (Perla Haney-Jardine) y viudo a Joe (Colin Firth).
Los tres afrontan la pérdida de modos muy diferentes, Joe decidiendo que el mejor modo de distanciarse de los hechos es comenzando una nueva vida en un nuevo continente, acepta un puesto como profesor y sus clases y las obligaciones paternas ocupan casi todo su tiempo. Joe se debate también entre las atenciones de dos mujeres, una vieja amiga de su época estudiantil, Barbara (Catherine Keener), y una de sus jóvenes alumnas. Aunque sus hórmonas están despertando se siente halagado y sobrepasado a partes iguales.

Por su parte Kelly, la hermana mayor, deambula por los ambientes nocturnos en los cuales el consumo de sustancias alucinógenas y el sexo fácil están a la orden del día. Sufre un fuerte distanciamiento hacía Mary al considerarla la causante de sus males – su cambio radical de vida – y por el control a que le somete – que provoca su asfixia -. Mary, la pequeña, sufre el peso de la culpabilidad – su imprudencia fue la causante de la muerte de Marianne – y despierta cada noche llorando inconsolablemente y gritando su nombre.
Winterbottom introduce entonces un giro inesperado cuando el fantasma de Marianne empieza a aparecerse a su hija pequeña, pero lo hace de un modo natural, huyendo del tenebrismo y persiguiendo que el relato por ello no caiga en la incredulidad. El fantasma de Marianne guía de manera poética los pasos de Mary hacía la liberación de su conciencia. Es en estos momentos cuando el recorrido turístico por Génova se pierde en su lado menos amable, ese entramado de callejuelas oscuras y amenazantes en las que el virtuosismo de la cámara de Winterbottom logra captar cada detalle por insignificante que parezca. Esos solitarios paseos son un alarde de montaje y planificación y traen a la memoria los paseos de “Wonderland” en los que la genial partitura de Michael Nyman magnificaban la soledad y el desánimo de sus personajes. En esta ocasión es la debutante Melissa Parmenter la encargada de ese cometido y el resultado es encomiable.

Rodada en Italia, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos durante el verano de 2007, Winterbottom ha sabido rodearse de un acertado reparto, encabezado por un Colin Firth, que a pesar de no ser fruto de mi devoción realiza una de sus actuaciones más contenidas y convincentes. Firth compatibilizó los rodajes de “Génova” y “Mamma mia!” sin morir en el intento. Catherine Keener siempre suele estar maravillosa y aquí no es una excepción, tiene a su cargo la mejor frase cuando intenta explicarle a Mary su idea de la muerte: “yo creo que la gente permanece viva en los recuerdos de los demás”. Hope Davis (“Próxima parada Wonderland”, “Arlington road”, “A propósito de Schmidt”) no ha tenido la suerte que merece, a pesar de contar con una interesante filmografía, y sigue siendo uno de los tantos rostros sin nombre del cine independiente americano. El descubrimiento del film es sin duda el de Willa Holland (de las series “O.C.” y Gossip girl”), una belleza de 17 años a la que no es difícil augurle un próspero futuro, sin olvidarnos de Perla Haney-Jardine, una jovencísima actriz ya vista en “Kill Bill 2”, “Dark water” y “Spiderman 3”, que se encarga del personaje más torturado de todos, el de Mary.

Es toda una sorpresa cuando una historia tan mínima y simple como ésta, con una crítica (como ya he dicho) tan discreta consigue unos resultados tan brillantes, mucha culpa de ello la tienen la sensibilidad, la sutileza, la curiosidad y la improvisación a la hora de rodar de Winterbottom, la mágica luz de Italia canalizada por Marcel Zyskind, el elaborado montaje de Paul Monaghan, el empleo ejemplar de la música compuesta por Parmenter, todo un reparto bien seleccionado y mejor dirigido, y un guión escrito a dos manos por Winterbottom y Lawrence Coriat (con el que curiosamente ya escribió “Wonderland”), conmovedor pero sin caer en la sensiblero.
Tan importante es lo que se cuenta como el modo en que se cuenta, y en lo segundo Winterbottom es todo un maestro. “Génova” no es su film más arriesgado, ni el más combativo, quizás tampoco el más inspirado, pero sí uno de los más sinceros y emotivos que ha rodado hasta la fecha que entrará por méritos própios entre lo más destacado de su basta producción.

2 comentarios:

Xavier Vidal dijo...

Seguro que es buena... pero Winterbottom me ha decepcionado ya muchas veces y he preferido ver Génova sin tener que pagar los 6 euros de la entrada. Es ecléctico, pero en ningún caso es un director maestro. Lo miman mucho en los festivales (injustamente) y por eso nadie ha reparado en su premio de San Sebastian. Cuando la vea te comento.

Saludos!

babel dijo...

A mí me pareció maravillosa. No tengo tantas bases como tú para analizarla comparativamente con su filmografía, pero la crítica carga de modo bastante superficial con ella. Una cosa de la que no hablé en mi reseña ni tú comentas es esa inquietante tensión que consigue a lo largo de la película, algo así como una amenaza velada que planea de manera constante sobre los personajes a la espera de que algo suceda. No es ni más ni menos que el miedo a la nueva situación que alberga cada uno de ellos explicado con el lenguaje de la cámara en más de un contrapicado cundo recorren las calles de Génova. Me la he bajado, a pesar de que la había visto en el cine ya, para poder observar estos detalles. Y Cada vez me gusta más.

Un saludo.