sábado, 10 de abril de 2010

El escritor

Salpicada por motivos extra-cinematográficos, la inesperada y tardía caza de brujas hacia su director Roman Polanski, se ha estrenado precipitadamente y con escasa promoción “El escritor”, un thriller político que como recientemente hacía “Green zone” hurga en las heridas aún abiertas provocadas por la guerra de Iraq, y de cuyo montaje se ha tenido que ocupar bajo el arresto domiciliario que le mantiene confinado en su casa de Suiza. La crítica y el público se ha rendido ante la evidencia de que detrás de una vida tan turbulenta y criticable como la de Polanski se encuentra una obra que no deja de sorprender por su variedad y por su alto nivel técnico y creativo.
Si obviamos films como “¿Qué?”, “La novena puerta” o la ambiciosa y fallida “Piratas”, la trayectoria del cineasta polaco-francés es modélica – incluso adaptando un libro infantil como “Oliver Twist” consiguió convencer a los más reticentes – . “El escritor” – su título original es “The ghost writer” (El escritor fantasma) término con el que se denomina en lengua inglesa lo que aquí conocemos como “negro” – se asemeja a otros thrillers psicológicos como “El quimérico inquilino” o “Frenético”, en los cuales un aislado personaje se empeñaba en destapar la verdad, mientras que el resto trata de confundirle y de hacerle creer que sus pesquisas no son más que delirios fruto de su obsesión.

Este relato de Robert Harris – adaptado por él mismo con la ayuda de Polanski – repleto de mentiras, sospechas, traiciones y escándalos políticos constituye – junto a “Frenético” – el mayor acercamiento de su director a terrenos hitchcockianos – curiosamente cuando Scorsese le ha rendido pleitesía recientemente en “Shutter Island” – . El secretísimo borrador de las memorias del ex-primer ministro constituye el “mcguffin” en base al cual se articula el retorcido entramado político del que surgiran misteriosos personajes – como el que encarna el siempre fabuloso Tom Wilkinson – y sorprendentes pistas.

Después de la inesperada muerte del escritor encargado de escribir la biografía del ex-mandatario británico Adam Lang (un Pierce Brosnan interpretando al clon de Tony Blair), otro escritor (un correcto Ewan McGregor) será contratado para que retoque y finalice la incompleta obra. Para tener un acceso total al manuscrito y al ex-ministro se alojará en su lujosa y apartada residencia americana, allí conocerá a su inteligente esposa (una Olivia Williams que es de lejos lo mejor en cuanto al apartado interpretativo), a su asistente personal (una Kim Cattrall antes de que vuelva a zorrear en “Sexo en Nueva York 2”) y a su resolutivo abogado curtido en mil batallas (un recuperado y fugaz Timothy Hutton). Cuando Lang es acusado de crímenes de guerra la imagen que el “escritor fantasma” tiene de él termina por resquebrajarse, sintiendo un aislamiento y una indefensión de la que Polanski se habrá sentido muy identificado después de los últimos acontecimientos que a día de hoy prosiguen.

El film se inicia magistralmente con un coche abandonado en un ferry que entorpece la salida del resto de vehículos, una grua acude a retirarlo, acto seguido en una solitaria playa un cadaver es mecido por las olas que rompen en la orilla. Es el escritor al que tiene que reemplazar el personaje de Ewan McGregor – el cual nunca deja de ser un completo desconocido, no posee nombre ni se nos facilitan datos de su pasado – y a Polanski le bastan dos escenas sin dialogo para explicarnos el destino de un personaje cuyo nombre, sin embargo, sí que se menciona en numerosas ocasiones.

La reveladora trama se desarrolla pausadamente, sin atropellos, porque se trata en realidad de un thriller más psicológico que físico, y en el cual la banda sonora de Alexander Desplat tiene una constante presencia. Tan importante, si cabe, como los desolados escenarios naturales que simulan ser la Costa Oeste Americana – y que realmente se filmaron en Alemania – y en los que el “escritor fantasma” obtiene una revelación de vital importancia por parte de un anciano – encarnado por el incombustible y octogenario Eli Wallach -.
“El escritor” es una de las ofertas más recomendables que se pueden encontrar en la cartelera. Su acabado técnico – montaje, fotografía, música - supera con creces al artístico – Brosnan y McGregor simplemente cumplen mientras que Olivia Williams demuestra que es una actriz magnética que merece más papeles tan destacables como éste – y a un guión que en algunos detalles resulta poco creible. No entra en la categoría de obra maestra, como en leído en algunos medios, en la trayectoria de Polanski, pero es un más que digno paso adelante en su carrera, aunque si tenemos que asumir que podría tratarse del punto y final de una obra que abarca más de cinco décadas, todos esperabamos, sin duda, un final mucho más clamoroso.