domingo, 12 de octubre de 2008

Quemar después de leer

Después de 4 años de sequía (si nos olvidamos del segmento de 8 minutos que filmaron para “Paris je t’aime”), en un mismo año y con solo seis meses de diferencia tenemos ración doble de los hermanos Coen, “No es país para viejos”, estrenada en febrero, y ahora “Quemar después de leer”. Ambos films no podrían ser más distintos: la sequedad, rudeza y crueldad de “No es país para viejos”, frente al humor negro, la mala leche y la autoparodia de “Quemar después de leer”.
Después del alubión de Oscar los Coen han decidido no tomarse demasiado en serio volviendo a la línea de otros trabajos suyos tan celebrados como “Fargo”, “El gran Lebowski” o “Ladykillers”, en el que la premisa es muy similar: un secuestro/robo/chantaje que se va complicando por la inoperancia de sus incompetentes e inexpertos protagonistas. El parecido empieza y termina aquí porque bien sabido es que los Coen si algo odian es repetirse, y aquí cierran su particular “Trilogía idiota” con una alta nota.

La trama es enrevesada: Osbourne Cox (John Malkovich) es un agente de la CIA que ha sido despedido por su alcoholismo y ha decidido escribir las memorias de sus años en la Agencia de inteligencia con pelos y señales. Su mujer Katie (Tilda Swinton) mantiene una relación extramatrimonial con un agente federal, Harry Pfarrer (George Clooney), más interesado en sus citas a través de Internet que en complacer a su propia esposa; en una de esas citas conoce a Linda Lintzke (Frances McDormand), una superficial mujer obsesionada con las operaciones de cirugía estética que trabaja en un gimnasia junto al atolondrado Chad Feldheimer (Brad Pitt), que curiosamente ha encontrado olvidado un CD que contiene las comprometedoras memorias de un espía llamado Osbourne Cox (Malkovich). Linda y Chad deciden chantajear a Osbourne a cambio de dinero si no quiere que el ansiado CD termine en manos rusas.



Se celebra el volver a contar con un guión de los Coen como materia prima, el primero desde “El hombre que nunca estuvo allí” (2001), la recuperación de la musa (y esposa de Joel) Frances McDormand y el contar con George Clooney como protagonista por tercera vez para que vuelva a encarnar a un autentico imbécil, bastante hortera además y obsesionado con hacer deporte (generalmente después de hacer el amor).
Aunque si alguien le puede hacer sobra a lo que a imbécil se refiere ese es el personaje interpretado por Brad Pitt, un monitor de fitness con muy pocas luces enganchado día y noche a su IPOD. A este pobre diablo no se le ocurre otra cosa mejor que extorsionar a un colérico y alcoholizado espía de la CIA, interpretado magistralmente por John Malkovich.
Los Coen, como era de esperar, no son condescendientes con sus personajes y no tienen tampoco piedad con ellos, desplegando sobre ellos toda la mala baba que acostumbran.


Brad Pitt, da un recital interpretativo recordándonos otros papeles tan exagerados como celebrados en “12 monos” o “Snatch, cerdos y diamantes”, convirtiendo su personaje en el más divertido y recordado de todos. Excelentes también las participaciones de Tilda Swinton (con la misma cara de mujer frígida de siempre), Richard Jenkins (un habitual ya de los Coen) y de J.K. Simmons (el recordado padre de “Juno”, en un breve pero impagable papel como jefe de la CIA).
Cabe señalar que el director de fotografía Roger Deakins, fiel a los Coen desde “Barton Fink” (1991), ha sido sustituido en este film por el mexicano Emmanuel Lubezki (“Sleepy Hollow”, “Y tú mamá también”), pero la música sigue siendo obra de Carter Burwell, el vestuario de Mary Zophres y el montaje de Roderick Jaynes.
La hora y media de metraje funciona como la maquinaria de un reloj, no sobra nada, la película se pasa en un suspiro, pero… su falta de trascendencia y de ambiciones seguramente hará que los críticos la sentencien desde ya como un film menor en la filmografía de los Coen.
Escuches lo que escuches, juzga por ti mismo y no te pierdas esta divertida y cruel comedia. Como todos los films de los Coen con cada visionado ganará muchos enteros.