martes, 14 de octubre de 2008

Happy, un cuento sobre la felicidad

A pesar de lo que el título pueda sugerir, el esperado nuevo trabajo de Mike Leigh no es la luminosa y esperanzadora comedia que muchos esperarían ver. El director británico nos cuenta los avatares de Poppy para sortear los improperios de la vida sin perder la sonrisa por ello.
Poppy tiene 30 años, es profesora de primaria, comparte piso con su amiga del alma y con su amargada hermana menor. Es una persona optimista, vitalista e indisciplinada por naturaleza, aunque carece de una vida familiar plena y el amor no ha llamado aún a su puerta, Poppy es capaz de ver un cielo azul a través de oscuras nubes. El inesperado robo de su bicicleta, más que un disgusto, le supone la oportunidad de empezar a sacarse el carnet de conducir. El profesor que le asignan, Scott, es la antítesis a ella, un tipo acomplejado que parece odiar a todo el mundo.
Sus ansias de actividad se complementan con clases de sevillanas y con juergas hasta altas horas de la madrugada con su pandilla de amigas. Poppy (aparentemente) disfruta y exprime hasta la última gota la vida que le ha tocado vivir… pero no es oro todo lo que reluce.
Y es que el problema radica en no poder o no saber reflejar la felicidad que uno siente en el prójimo, la felicidad que no puede ser compartida no es igual… y eso nos lo dicen los ojos de Poppy a medida que avanza el metraje.

“Happy, un cuento sobre la felicidad” dista muchísimo de la madurez y la perfección de “Secretos y mentiras” y “Vera Drake”, pero a pesar de su falta de pretensiones no se le puede negar un cierto encanto. En el cine de Mike Leigh siempre hay personas normales, tirando a vulgares, tirando a feas; es un amante de la improvisación y de la naturalidad, y en “Happy”, al igual que en sus otros films el casting no puede ser más acertado.
Sally Hawkins, vista en “El sueño de Cassandra” y “El velo pintado”, ya había trabajado con Leigh en sus dos anteriores trabajos, pero nunca en un rol protagonista como este, la risueña Poppy capaz de hacernos dudar de si estamos ante la tía más cargante del mundo o ante un ser con un corazón excepcional. El gran Eddie Marsan es la otra cara conocida del reparto, también estuvo en “Vera Drake” y se le ha podido ver en films tan variados como “21 gramos”, “La vida secreta de las palabras”, “El nuevo mundo”, “V de Vendetta” o “Corrupción en Miami”. Eddie interpreta a Scott, el intratable profesor de auto escuela de Poppy, alguien capaz de infundirnos repulsión para al minuto siguiente darnos lástima (la última escena de Eddie Marsan en pantalla es sencillamente sublime).
El resto de actores los reclutó Leigh por su soltura y naturalidad sobre las tablas: Alexis Zegerman (como Zoe, la compañera de piso de Poppy), Samuel Roukin (como Tim, el educador social) o Karina Fernandez (como la apasionada profesora de flamenco).
El colorista y extravagante vestuario es obra de Jacqueline Durran, la fotografía del habitual Dick Pope, y del montaje (al igual que en “Vera Drake”) se encarga Jim Clark, que más le valdría haber dejado fuera una secuencia a mi juicio totalmente gratuita e innecesaria, me refiero a la del encuentro de Poppy con un mendigo en plena noche.

Esta película les sorprenderá a aquellos que tan solo pensaran encontrar en ella una comedia ligera, pero decepcionará a los que esperaban encontrar algo del poder de fascinación y de autenticidad que hizo gala “Secretos y mentiras”. Yo me quedo con la amarga sensación de que un film de Mike Leigh nunca debería dejar indiferente y que a un autor de su talla se le puede y se le debe exigir mucho más.