lunes, 11 de octubre de 2010

Machete

La columna vertebral de este film se ideó hace 18 años, mucho antes de que se encajara como falso trailer – para muchos mejor que el propio film al que antecedía – del segmento que Robert Rodríguez orquestó para esa sesión doble conocida como “Grindhouse” (2007) y que en nuestro país llegó desmembrada debido al inesperado pinchazo en el mercado USA, con la intención así de hacer doble caja con este homenaje a la serie B de los años 70 y con el ligeramente superior que rodó Quentin Tarantino.

Mucho antes de que una película de exiguo presupuesto como “El mariachi” (1992) – que costó unos 7.000 dólares de la época – le convirtiera en un reconocido – más por el público que por la crítica – cineasta surgido de tierras mexicanas, ya estaba en la mente de Rodríguez el generar una corriente similar al “blackexplotation”, un cine meramente afroamericano en el que entremezclaban un cine policíaco con dósis de sexo gratuito y que tuvo su propio mercado a primeros de los 70. “Machete” es – como en su día fuera “Las noches rojas de Harlem” (1971) – la punta de lanza de ese intento por internacionalizar la cultura tex-mex y de instaurar un héroe de acción mexicano representado por ese taciturno, musculado, tatuado y bigotudo que incorpora el veterano Danny Trejo, en su primer papel protagónico.

Si “Planet terror” ya era un festival de referencias al cine fantástico de bajo presupuesto y un delirio desmesurado donde los haya, “Machete” va aún más allá recuperando al Rodríguez más incorrecto, salvaje y sangriento. Detrás de los litros de hemoglobina y de los kilos de casquería el film cuenta con una crítica implacable al gobierno americano y a sus leyes de anti-inmigración. Resulta increible que al público americano pudiera divertirle la imagen de que ellos se da en “Machete”, de hecho no debió hacerles demasiada gracia porque las recaudaciones allí obtenidas no han cumplido en absoluto con las expectativas.

Machete (el omnipresente Danny Trejo), es un agente federal que trata de acorralar a un importante capo de la mafia, Torrez (un Steven Seagal con un sobrepeso preocupante y con el mismo rostro mimético de siempre) quien para dejar las cosas claras de quien es el que verdaderamente manda, mata a su mujer y su hija delante de él. Años después Machete trata de vengarse de Torrez en medio de un ambiente muy crispado por la campaña política del Senador McLaughlin (un Robert de Niro muy fuera de lugar) en contra de los mexicanos a los cuales considera poco menos que cucarachas, y por los sangrientos metodos de frenar a los espaldas mojadas por parte del Sheriff Stillman (un recuperado Don Johnson).
Mientras tanto la agente Sartana (Jessica Alba, una habitual ya del cine de Rodríguez), trata de destapar una red ilegal de inmigración liderada por Luz (encarnada por la machuna pero bellísima Michelle Rodríguez). Machete recibe un lucrativo encargo por parte de un importante empresario (Jeff Fahey, que también aparecía en el trailer primigenio): asesinar al Senador McLaughlin. Pero cuando descubra que se trata todo de una trampa a Machete no se le ocurrirá otra cosa que seducir a la mujer (Alicia Rachel Marek) y la hija (una Lindsay Lohan que se ríe de su imagen díscola disfrazándose de monja) del empresario como venganza, porque a Machete en artes amatorias no hay quien le haga sombra.

Si algo hay que alabarle a “Machete” es la capacidad que tienen los actores para reírse de sí mismos, los ya citados más Cheech Marin – que interpreta a un cura muy atípico – y el maquillador Tom Savini, quien ya hizo una impagable aparición en “Planet terror”. El film tiene también la osadía de meter la barbarie suficiente como para hacer que muchos espectadores salgan indignados de las salas si no saben muy bien lo que han ido a ver; y de incluir diálogos que en muchas ocasiones rozan lo risible, pero es que “Machete” no está hecha para que nos la tomaramos en serio, es puro divertimento hiperviolento como en su día lo fuera “Kill Bill”, otra historia de venganza al fin y al cabo, aunque el poso que dejaba aquella no lo deja el film que nos ocupa. Creo que acerté cuando comenté a un amigo que “Machete” me divirtió aunque habría podido sobrevivir perfectamente a no verla, porque aún con esa crítica implícita, la realidad es que el film es totalmente intrascendente.