sábado, 22 de mayo de 2010

Two lovers

El cuarto film de James Gray ha recibido las mejores críticas de su corta, y hasta ahora, reconocible trayectoria. Este hecho no ha evitado que hayan tenido que transcurrir dos años para poder ser vista en nuestras pantallas. Gray es un cineasta que se ha tomado su tiempo entre cada uno de sus proyectos y cuya obra podría perfectamente conformar una trilogía por las similitudes de sus temáticas, planteamientos e incluso desenlaces.
“Cuestión de sangre” (1994), “La otra cara del crimen” (2000) y “La noche es nuestra” (2007) cuentan con tres protagonistas que quieren redimirse de su pasado y encuentran los principales obstáculos en la firmeza de unos lazos familiares que les mantiene unido al mismo, los cuales siempre son los causantes de que los finales tengan un marco semejante al de las tragedias griegas. La cuestionada condición de cineasta de Gray en cualquier caso siempre ha encontrado con mayor sencillez su público en Europa – especialmente Francia – que en Estados Unidos.

“Two lovers” se presenta por lo tanto como un film aislado, que rompe bruscamente con el componente violento de los films precedentes de Gray, pero en el que se mantiene esa obsesión por presentar a la familia como un seguro salvavidas o como un pesado lastre, dependiendo los ojos que lo miren. Se trata de un film atemporal – en realidad su historia podría suceder en las 4 últimas décadas americanas – en el que la sobriedad y austeridad de la ambientación, lo contenido y ajustado de su guión, se complementan a la perfección con el tono desencantado y derrotista del film. Las interpretaciones del trío protagonista, Gwyneth Paltrow, Vinessa Shaw y un Joaquin Phoenix en estado de gracia, se encargan de darle aún mayor relevancia al film. Sin olvidarnos de la recuperada Isabella Rossellini que está especialmente memorable y que tiene a su cargo la escena más entrañable de todas.

Leonard (Phoenix) es un treintañero depresivo que ha vuelto a vivir en casa de sus padres después de que su prometida decidiera abandonarle definitivamente. El trastorno bipolar que padece,el aislamiento y las tentativas de suicidio mantienen a sus progenitores con el alma en vilo, por tal motivo deciden presentarle a Sandra (Shaw), la hija del futuro socio que ayudará a impulsar el negocio familiar de cara al futuro. Los planes se alterarán cuando Leonard conozca a Michelle (Paltrow), su nueva vecina, una joven impulsiva y caprichosa que mantiene una relación sentimental con un hombre casado y que coquetea peligrosamente con las drogas. A Leonard se le presentarán dos alternativas, complacer a sus padres y quedarse con la chica dulce y comprensiva que representa Sandra, o por el contrario seguir los designios de su corazón y quedarse con la chica alocada y rebelde que representa Michelle, con la cual el futuro es más incierto e improvisado.

Se trata de un film tan sincero y realista que es complicado no involucrarse casi desde un primer instante en el destructivo trío que Leonard crea por su indecisión, por su falta de madurez o por la confusión mental que le provoca su enfermedad. “Two lovers” apuesta firmemente por el más árido y puro realismo, dejándonos la sabia lección de que a veces las decisiones que tomamos no las elegimos nosotros, se deben más bien a caprichos del destino o a que otros decidieron elegir por nosotros.

“Two lovers” es la obra más inspirada y adulta de Gray hasta la fecha – como dije en su día “La noche es nuestra” me pareció insatisfactorio -, un film conmovedor, maduro, que haya una extraña belleza en lugares urbanos y sórdidos y que supone un poderoso rayo de luz dentro de la más bien mustia cartelera actual.