viernes, 18 de septiembre de 2009

Enemigos públicos

Michael Mann es un director al que nunca se le han reconocido todos sus méritos, repudiado por buena parte de la crítica especializada tachándole de ser un esteticista obsesivo y en cambio un mediocre en la escritura de guiones y en la dirección de actores, Mann ha callado muchas bocas con sus últimos films (inclusive con su revisión de “Corrupción en Miami” y si nos olvidamos de “Alí”). El una carrera muy poco fecunda (10 films para un director que ya ha cumplido los 66 años) ha habido espacio para films tan reivindicables como “Ladrón”, “Hunter” o “Collateral”, y obras maestras como “Heat” y “El dilema”, su film más justamente reconocido.

“Enemigos públicos” nos retrotrae a la América de los años 30, en plena ley seca y un paso de la Gran Depresión, narrándonos la vida delictiva y sentimental de John Dillinger, famoso ladrón considerado como una especie de Robin Hood del siglo XX, cuyos milimétricos atracos – Dillinger se jactaba de poder cometer un robo en 1 minuto y 20 segundos – pusieron en jaque a la policía hasta el borde del ridículo. Un recién creado FBI con J. Edgar Hoover a la cabeza impuso a Dillinger el titulo honorífico de “Enemigo público nº 1”, su captura era al tratarse de un caso tan mediatico una importante medalla que querían ponerse para dignificar el novedoso organismo.
Durante dos horas y media – que se pasan en un suspiro – somos testigos de los encuentros y desencuentros de Dillinger y sus hombres con Melvis Purvis, el encargado de dirigir la minuciosa operación para desmantelar su banda y darle así un escarmiento ejemplar. El juego del gato y el ratón tan del gusto de Mann (“Hunter”, “Heat”, “Collateral”) vuelve a ser el verdadero hilo conductor de una historia en la que el amor redime y humaniza al “villano”.

El film se abre de modo espectacular con la liberación de los presos con los que Dillinger trabó amistad durante su cautiverio. La recreación de los atracos, las huidas y las emboscadas son un alarde de planificación y de meritorio montaje frenético (que con justicia debería ser tenido en cuenta en los próximos Oscar). La imagen granulosa y poco contrastada delata que se grabó en video de alta definición (en los tiroteos es más que evidente, dándole un aire amateur que aunque no le resta espectacularidad sí desluce en un producto tan de primer orden como éste).
Tanto Johnny Depp como Christian Bale (dos actores con tendencia al exceso) están impecables, con lo que el tópico sobre la mala dirección de Mann se pone en entredicho. Johnny encarna con convicción la arrogancia, la inteligencia y la seguridad de Dillinger; Bale por su parte la persistencia, la seriedad y la seguridad en los métodos del FBI.
La bella Marion Cotillard es Billie Frechette, la mujer de la que Dillinger se enamora y el instrumento a través del cual torturarle a él con la brutalidad policial que el FBI promulgaba.

En “Enemigos públicos” se pueden ver otras caras conocidas, Billy Crudup como el ambicioso J. Edgar Hoover, el últimamente ubicuo Stephen Lang, el desaparecido en combate Stephen Dorff, y también casi a modo de cameos Channing Tatum, Giovani Ribisi y Lily Taylor.
Un film como he dicho de primer orden, cuidado meticulosamente hasta el último detalle, con un reparto en estado de gracia, con tiroteos pocas veces vistos y con un final modélico (¡qué difícil es concluir como Dios manda un film!). Sin lugar a dudas el film del verano con permiso de “Up”.