jueves, 15 de julio de 2010

Madres & hijas

Solo con que Rodrigo García tuviera un 10% del talento de su padre – el premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez – ya podríamos decir que estamos ante un cineasta notable, pero dejándonos de comparaciones odiosas e innecesarias, lo cierto es que la breve filmografía del mexicano – este es su cuarto largometraje – va creciendo en interés y ganando en matices.
García se ha convertido en un excelente retratista del universo femenino, las mujeres han sido los cimientos sobre los cuales se han asentado sus dramas corales – el que nos ocupa más “Cosas que diría con solo mirarla” (1999) y la recomendable “Nueve vidas” (2005) – con la excepción de esa rara avis que es en su carrera el thriller sobrenatural “Passengers” (2008), un modo de experimentar con un guión ajeno que se saldó con una tibia recepción.

Aparte de este film de encargo, García también ha sabido adaptarse al formato televisivo para ponerse al servicio de series de tanta entidad como “Los Soprano”, “A dos metros bajo tierra”, “Big love” o la prematuramente cancelada “Carnivale”, para las cuales aportó su profesionalidad en algunos de sus capítulos.
“Madres & hijas” tampoco ha levantado ningun fervor a su paso por el Festival de Cannes, aunque se trate de un drama realizado con sensibilidad y elegancia, que además ofrece unas interpretaciones sobresalientes de su amplio plantel interpretativo – especialmente de Bening, Watts y Smits – y cuyas tres historias culminan en un final del que es practicamente imposible no contagiarse de su sentimiento y emoción.

Karen (una Annette Bening en la mejor interpretación de su carrera a quien la Academia hace ya algún tiempo que le debe un Oscar) lleva una existencia infeliz. A sus 50 años vive con su anciana madre a la cual nunca le perdonó que le obligara a entregar a su hija en adopción cuando no era más que una adolescente. Karen se encuentra reticente ante las atenciones de un compañero de trabajo, Paco (un estupendo Jimmy Smits muy alejado ya de la época de “Gringo viejo”) que supone la oportunidad de iluminar su vida gris, obsesionada como está por la hija a la que nunca conoció.
Elizabeth (una Naomi Watts que merece ya un unanime reconocimiento aunque no con la urgencia que Bening) es la hija dada en adopción que se ha convertido en una fría y ambiciosa abogada desarraigada en su vida laboral y sexual. Su llegada al bufete del viudo Paul (sorprendente Samuel L. Jackson por lo comedida y convincente que resulta su interpretación) pondrá en entredicho la jerarquia de poder de la empresa después de que entre ambos haya algo más que una relación de trabajo. Elizabeth que está de paso en todas partes, abandonará también el bufete de Paul, guardando un importante secreto.

Lucy (Kerry Washington, descubierta en “El último Rey de Escocia”) es una joven dispuesta a todo con tal de ser madre, aunque en realidad desconozca la responsabilidad y el sacrificio que ello conlleva. La adopción se convierte en su última esperanza contactándo con una joven embarazada que le impone unas ferreas condiciones antes de decidir si le entregará a ella el bebé que engendrará.

“Madres & hijas” se topará con los típicos prejuicios que la tachen injustamente de “cine femenino”, cuando en realidad se trata de un absorvente y maduro drama con fuertes personajes femeninos con los que no siempre es fácil empatizar, pero cuyo desarrollo las hace comprensiblemente humanas. Los personajes masculinos – entre los que se encuentran un fugaz David Morse – por el contrario ponen la cara amable, tienen toda la sensatez y el saber estar del que carecen las mujeres.
Un interesante y muy, muy recomendable estudio sobre la maternidad visto desde varios ángulos, los que representan, de hecho, las tres mujeres que encabezan cada uno de los entretejidos segmentos. “Madres & hijas” es en definitiva una pequeña delicatessen de sublimes y sutiles detalles.