miércoles, 11 de marzo de 2009

Gran Torino

Tres meses después de “El intercambio” nos llega el nuevo trabajo de Clint Eastwood, “Gran Torino”, que cuenta con el aliciente añadido de ser su primera aparición frente a las cámaras desde “Million dollar baby” (2004), y según aseguran algunos será la última, confiemos en que no.
Tras el meticuloso guión, la impecable ambientación y la laboriosa tarea de narrar una historia tan compleja como la de “El intercambio”, Eastwood ha decidido ahora decantarse por un proyecto más intimista, sencillo y directo. La pregunta es “¿estamos ante un obra menor?”, “desde luego que no”. Es evidente que el desconocido Nick Schenk no es Paul Haggis y que su guión podría haber acabado siendo un telefilme de no haberle echado el ojo Clint Eastwood, quien vio las posibilidades que ofrecía un personaje como Walt Kowalski, no ya solo para regresar a la actuación sino para rendir un tributo a los personajes que han jalonado su carrera; “Gran Torino” es un sentido y sincero autohomenaje de alguien consciente de afrontar el tramo final de una larga y exitosa carrera.

Ahora parece que todo lo que hace Clint es genial, pero no siempre fue así. En los años 70 su cine era tachado de fascistoide, violento y banal. Sus actuaciones fueron siempre ninguneadas por la economía gestual que siempre ha defendido y sigue defendiendo. Tan solo “El aventurero de medianoche” (1982) y “El jinete pálido” (1985) mostraron atisbos de talento, pero reconocerlo entonces no estaba nada bien visto. Sería “Sin perdón” (1992) ese punto de inflexión en su carrera en el cual el público y la crítica terminaron por cruzarse y desde entonces no han vuelto a separarse. Fue muy largo el camino de Clint hacia el reconocimiento y el respeto de la industria.

“Gran Torino” es un film por, para y con CLINT EASTWOOD, y lo escribo con mayusculas porque se trata de un “one man show”, un film que se sostiene única y exclusivamente por el carisma y la personalidad de su director y actor. Pese a no contar con un reparto destacado (tan solo el rostro de John Carroll Lynch, recordado como el marido de Frances McDormand en “Fargo”, que encarna al peluquero es un poco familiar); a tener un acabado técnico simplemente discreto, que no llega a deslumbrar (la película se rodó en un tiempo record de 33 días), contar con actuaciones muy mejorables (los actores que encarnan al joven Padre Janovich, al primo de Thao y al propio Thao); un doblaje mediocre (las voces de los integrantes de las bandas callejeras son de juzgado de guardia), etc. Cualquier defecto que se le quiera encontrar a “Gran Torino” se le pasa por alto por la majestuosidad de un personaje tan bien compuesto y tan bien interpretado por Clint Eastwood.

En Walt Kowalski podemos encontrar rasgos de El hombre sin nombre de “La trilogía del dólar” (en ese modo de desenfundar su arma como un pistolero del Oeste), de Thomas Highway de “El sargento de hierro” (en su grosera forma de lanzar improperios racistas por doquier), de William Munny de “Sin perdón” (a ambos lo que les hace lanzarse a la violencia es el maltrato a una mujer), de Frankie Dunn de “Million dollar baby” (tiene su misma sinceridad hiriente y a la postre la misma humanidad) y por supuesto a Harry Callahan de “Harry el sucio” (con perlas como esta: “¿Alguna vez os habéis encontrado con alguien a quien no deberíais haber puteado?... ¡Pues ese soy yo!”).

Ahora hablemos un poco de su argumento: “Walt Kowalski (Eastwood), un jubilado que acaba de enviudar, lleva encima el peso de la conciencia por las atrocidades vividas en la Guerra de Corea, la culpabilidad por no haber sabido entenderse ni con sus hijos (Brian Haley y Brian Howe) ni con sus nietos y la rabia contenida por el cambio que ha visto experimentar en su propio vecindario en los suburbios de Detroit, habitado ahora por diversas etnias y bandas callejeras.
Sus posesiones más preciadas son una vieja perra llamada Daisy y un Gran Torino del 72, único recuerdo de los 50 años que pasó trabajando en la fábrica de Ford. Su insatisfecha y apacible vida dará un giro el día en que Thao (Bee Vang), su joven vecino Hgmong trate de robarle el coche como prueba de iniciación en una banda callejera que lidera su propio primo. La hermana de Thao, Sue Lor (Ahney Her) tratará de que Walt sea el referente de Thao para que éste no acabe perdiendose en la delincuencia. Walt acabará cuestionando sus propios prejuicios raciales y situándose en mitad de una guerra de bandas.
Ha sido un éxito sin precedentes en la carrera de Clint Eastwood y esta semana también lidera el ranking de la taquilla en nuestro país. “Gran Torino” es un film que hermanará a un público de distintas generaciones; es un film condenadamente divertido y terriblemente emotivo, en el que el viejo Clint volverá a ponerte el corazón en un puño. Imprescindible.