lunes, 4 de octubre de 2010

El americano

Resulta curioso, y hasta cierto punto sorprendente, encontrar detrás de este atípico thriller al afamado fotógrafo holandés Anton Corbijn, porque en este su segundo largometraje – después de deslumbrar hace tres años con “Control” – abandona su hábitat natural (el mundo musical) y su particular modo de retratarlo (con un sobreexpuesto blanco y negro). “El americano” no es un film tan personal como fuera el biopic sobre el cantante de Joy Division, se trata de una obra de encargo de la productora que poseen George Clooney y Grant Heslov, quienes quizás buscaban darle un enfoque europeo a esta producción tan diametralmente opuesta a los thrillers financiados con capital americano.

“El americano” es una película muy estetica, reposada y contemplativa, cuyo mínimo argumento – un guión de Rowan Joffe basado en la novela de Martin Booth – perfectamente podría haberse narrado en un cortometraje. Corbijn ha convertido la salvaje región italiana de Abruzzo – se rodó poco tiempo después del terremoto de 2009 – en un personaje más del film, con el cual rellenar innumerables planos, las rutinas y del devenir del personaje protagonista. Además de los detalles paisajísticos, el film está repleto de miradas, de silencios y de pequeños detalles. “El americano” es un film atemporal que estilísticamente se acerca al tipo de film policiaco rodado en Francia durante la década de los 70 con actores como Lino Ventura, Alain Delon, Yves Montand o Jean-Paul Belmondo como protagonistas.

También es posible encontrar reminiscencias – y eso no lo ha ocultado ni su realizador – de los spaguetti-westerns italianos con un obligado homenaje al más grande de sus artífices, Sergio Leone y a una de sus secuencias más míticas, el ralentizado tiroteo de “Hasta que llegó su hora” con la impagable mirada azulada de Henry Fonda. El argumento de “El americano” parece una actualización de cualquiera de aquellos films rodados en el almeriense desierto de Tabernas. Su esquema básico es ciertamente muy similar: Un hombre misterioso del que nunca llegamos a saber su nombre llega a una pequeña comunidad huyendo de algo; allí se ocultará hasta el momento en el que sea inevitable el librar un duelo final.

El americano (un esforzado George Clooney en el cual la cámara de Corbijn se recrea) es un asesino a sueldo cuyo último encargo no terminó como se esperaba, en espera de que las cosas se apacigüen es enviado a un pequeño pueblo al sur de Italia con la idea de pasar desapercibido. Allí se hará cargo de un trabajo sencillo, suministrar una preciso fusil a una misteriosa mujer (interpretada por la sueca Irina Björklund), mientras establece una extaña relación con el cura del pueblo (el veterano actor romano Paolo Bonacelli) y comienza un romance con una joven prostituta (encarnada por la guapa Violante Placido, hija del célebre actor Michele Placido). Los planes de jubilación para alguien que ha vivido del crimen no resultan fáciles.

Preciosista y milimétrica para unos, exasperante y mínima para otros, “El americano” no tiene nada en común con el modelo de films tipo “El caso Bourne” o “The international”. Las escenas de acción (que son escasas) no brillan precisamente por su virtuosismo, “El americano” se emplea más en crear una tensión sostenida y en cuidar al máximo los marcos, los encuadres, los planos, etc. Su inesperado éxito se debe al tirón comercial de su protagonista porque desde luego este film no se creó con la voluntad de dejar al público sin aliento. Se trata por tanto de un interesante e interiorizado film que ahonda en la mente de un atormentado asesino y que nos insinua que en algunos casos el destino ya está más que escrito.