
Su segundo proyecto es mucho más ambicioso y le lleva cuatro años poder levantarlo, se trata de “El cazador” (1978), una película respaldada por un fuerte presupuesto facilitado por la Universal y por la EMI cuando esta se dedicaba a producir cine, que habla sobre las secuelas de la guerra de Vietnam en la juventud americana. A pesar de ser tachada de fascista se convirtió en la película del año ganando 5 premios de la Academia, 2 para Cimino por su labor como director y productor.
La United Artists le dio carta blanca para su siguiente trabajo, “La puerta del cielo” (1980), un Western crepuscular y desproporcionado que empezó durando 4 horas y terminó por no superar las 2 horas y media. El presupuesto se le fue de las manos alcanzando 35 millones de dólares, algo demencial en su época, y tan solo recuperó en taquilla 3. Su fracaso llevó a la bancarrota a la United Artists y puso fin a una época en que el director era la verdadera estrella (antes que él se hundió en aguas pantanosas Bogdanovich con “Nickelodeon” y después lo haría Coppola con “Corazonada”).
Se le canceló sus contratos y se le terminaron sus privilegios, 4 años después aún no había aprendido la lección y sus extravagantes peticiones hicieron que le despidieran de dos rodajes: “Footloose” y de “Sed de poder”.
Su siguiente trabajo “Manhattan sur” (1985), escrito junto a Oliver Stone, le puso nuevamente de actualidad, volviendo a demostrar ese toque personal que le caracterizó pero la Industria aún no le había perdonado y el film fue injustamente nominado a 5 Razzies.
“El siciliano” (1987) fue la adaptación de la novela de Mario Puzo y un desafortunado film de encargo que recibió todo tipo de barapalos.
Tardaría seis años en poder rodar el que hasta ahora ha sido su último trabajo, “Sunchaser” (1996), una interesante y personal road movie que reflexiona sobre la conciencia y la cultura americana y que sería un nuevo fracaso.
Cimino siempre será recordado por su megalomanía, por su tendencia al exceso, por ser el responsable del fracaso de “La puerta del cielo” (una película por otro lado artísticamente muy respetable), por su extravagancia (se dice que en los últimos años se ha cambiado de sexo), por ser la cabeza de turco de toda una generación de autores con muchas pretensiones y por ser al único al que nunca se le indultó y al que se le imposibilitó el volver a hacer realidad ni una sola de sus ideas. Destrozado por continuas operaciones de estética Cimino es hoy una parodia de lo que fue.







